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Presidente de Ascobi-Bieba
Hace unos años, cuando estábamos viviendo en toda su crudeza la última gran crisis económica, la construcción fue uno de los sectores más afectados, inicialmente por el parón en la actividad edificatoria consecuencia de la crisis de las entidades financieras y el fin de la burbuja inmobiliaria y después por el descenso de la inversión pública debido a la crisis de financiación de las administraciones públicas. Entonces, muchos agoreros vaticinaron el fin de la construcción. Había que acabar con la época del ‘ladrillo’ decían e impulsar otros sectores con más futuro.
La verdad es que la construcción sigue aquí, manteniendo un peso específico relevante en nuestra economía ya que representamos casi un 10% del PIB vasco y, lo que es más importante, somos actores principales y necesarios para abordar las grandes transiciones del desarrollo humano que se han de afrontar actualmente: la transición tecnológica, la energética y la relacionada con la movilidad requieren del acompañamiento inexcusable de la construcción para alcanzar sus objetivos de implantación y desarrollo.
Por supuesto requieren de una construcción moderna, innovadora, avanzada en procesos industriales más sostenibles y digitalizada. Una construcción del siglo XXI. Las empresas constructoras vascas están afrontando este reto y están trabajando para posicionarse como actores principales en esta transformación del sector.
Para valorar el presente es necesario referirse al recién publicado Informe Ascobi 2024 donde presentamos datos sobre la marcha del sector en Euskadi. Las principales conclusiones del mismo ponen de manifiesto que la construcción vasca ha mantenido, en líneas generales, su actividad durante el ejercicio 2024 propiciado por un incremento del volumen de licitación de obra pública y de la producción de vivienda nueva. Como factor negativo debemos destacar el descenso del número total de empleados en el sector.
La población ocupada en la construcción en Bizkaia, a finales de 2024, era de 30.500 personas, con un descenso del 5% respecto a 2023. En la CAV se produjo una disminución del 1,4% que suponen 800 empleos menos. Este descenso del número total de empleados en el sector no está propiciado por una bajada de la actividad sino por la falta de relevo generacional suficiente que compense el elevado número de jubilaciones que se están produciendo en un sector que cuenta con plantillas de elevada edad media.
La cuantía de la obra pública licitada durante 2024 ha aumentado un 7% en el conjunto del Euskadi y un 26% en Bizkaia con respecto al año 2023. Este incremento del volumen de obra licitado nos sitúa en el nivel medio anual de los últimos ocho años y por tanto muestra un cierto estancamiento si tenemos en cuenta los elevados incrementos de costes sufridos desde la pandemia de 2020. Se declararon desiertas un total de 93 obras en Euskadi y, además, en 32 ocasiones hubo desistimiento del adjudicatario. Todo ello, principalmente, como consecuencia de la falta de adecuación de los presupuestos de licitación a los costes reales de producción y ejecución de las obras.
Durante 2024 se ha iniciado la producción de 5.924 viviendas nuevas en el País Vasco, un 3,8% más que en el ejercicio anterior. En Bizkaia se han iniciado 3.275 viviendas nuevas, cifra superior en un 23% al ejercicio anterior. En este aumento de la vivienda iniciada ha tenido especial incidencia el incremento en la producción de vivienda libre del 29% en Bizkaia.
Pese al aumento del número de viviendas iniciadas, continuamos en un escenario de baja producción total de vivienda nueva que se está manteniendo en Euskadi de modo estructural durante la última década y que, con tasas de producción ligeramente superiores a dos viviendas por cada mil habitantes y año, no consigue atender la actual elevada demanda de vivienda nueva, libre y protegida, para la venta y el alquiler, de la sociedad vasca. Asimismo, debemos destacar que solo el 31% de las viviendas totales iniciadas son protegidas, lo que demuestra el actual insuficiente desarrollo de promociones en suelos urbanizables donde la reserva teórica de suelo para vivienda protegida es de un 75%.
Para revertir esta situación, y propiciar una oferta suficiente de vivienda nueva, es necesario que desde las administraciones competentes se impulsen medidas de estímulo de la actividad en el ámbito de la promoción inmobiliaria. Los persistentes malos datos de producción de vivienda protegida demuestran que mantener elevados porcentajes de reserva de suelo para vivienda protegida no garantiza una mayor producción de vivienda protegida. Es necesaria una adecuación y reducción de estos porcentajes de reserva a la realidad actual de cada municipio para propiciar, paradójicamente, una mayor producción de vivienda nueva, libre y protegida. También consideramos urgente la agilización, especialmente, de trámites como la obtención de licencias y permisos.
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