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Presidente de la Agencia Vasca de la Innovación, Innobasque
Europa está obligada a reaccionar. A espabilar. La súbita guerra comercial emprendida por el gobierno de Estados Unidos muestra, como ya lo advertían los informes realizados por el ex primer ministro italiano Mario Draghi y el expresidente del Banco Central Europeo Enrico Letta, la gran dependencia que la Unión Europea tiene de otras potencias en algunas áreas estratégicas. Una de ellas, si acaso la más fundamental por ser transversal, es la tecnológica, un campo en el que el viejo continente muestra preocupantes carencias desde hace ya algunos años. Podríamos decir que este momento de incertidumbre geopolítica nos pilla con el pie cambiado. Pero esta desventaja no tiene por qué marcar nuestro futuro; Europa tiene mucho potencial por aprovechar y Bizkaia, como parte de una de sus regiones de alta innovación, mucho que decir en este despertar.
La respuesta a esta búsqueda de una mayor soberanía tecnológica -reto que se une a las profundas y complejas transiciones que afronta la Humanidad en su conjunto-, pasa ineludiblemente por la mejora de la competitividad de nuestras empresas. Por hacerlas tecnológicamente más avanzadas, para, con ello, fortalecer el mercado interior europeo. Es decir, elevar el rendimiento de las regiones europeas en materia de innovación para borrar las desigualdades internas y a la vez afrontar la dura competencia externa.
Es por eso que hoy más que nunca la UE necesita faros de innovación y los tiene que buscar en casa, entre esas regiones punteras capaces de liderar esta transformación. Euskadi, considerada por la Comisión Europea un ‘polo de excelencia’ por ser una región de alta innovación en un país de innovación moderada, es uno de ellos. Hablamos del 1,94% del PIB vizcaíno frente, por ejemplo, al 2,16% vasco; 1,49% estatal; el 2,06% de Madrid o el 1,90% de Cataluña.
La contribución vizcaína a este posicionamiento no es poca; corresponde a Bizkaia el 45,5% de la inversión vasca en I+D realizada en 2023, el año en el que por primera vez el gasto dedicado a esta partida superó en Euskadi los 2.000 millones y el último del que Eustat ha ofrecido datos oficiales. El lado más tangible de esa inversión está en este ‘Quién es quién’, que da buena muestra de que en el territorio no sólo contamos con empresas líderes en sectores ya clásicos de nuestra industria, como la máquina herramienta, la automoción o la aeronáutica. A lo largo de los últimos quince años también se han hecho hueco las compañías que desarrollan su actividad en sectores tecnológicamente tan exigentes como las energías verdes, la fabricación avanzada o la biotecnología, y empiezan a despuntar las que ya trabajan en el desarrollo y las aplicaciones de tecnologías aún incipientes, pero que a buen seguro marcarán nuestro futuro: de la inteligencia artificial, la computación cuántica, la ciberseguridad, la robotización, el big data, el blockchain... Hay, por tanto, una clara apuesta por la digitalización, la sostenibilidad y el talento que, además, está respaldada por políticas públicas y una inversión privada muy comprometidas. Esa combinación de lo público y lo privado ha propiciado la consolidación de un ecosistema innovador que engloba toda la cadena de valor de la innovación y está, a su vez, integrado en los ecosistemas europeos logrando la mayor proyección internacional posible para nuestras empresas. Es, además, una red siempre abierta a la incorporación de nuevos agentes, siempre dispuesta a ser punto de apoyo para cualquier empresa que quiera ser innovadora.
Creo, por tanto, que Bizkaia, como el resto del País Vasco, está preparada para formar parte del grupo tractor de las propuestas que de aquí en adelante se pondrán en marcha para recuperar el terreno perdido, para crear un nuevo liderazgo europeo en el que la competitividad se defenderá todos los días. Es lo que nos va a permitir volver a ser motor mundial de crecimiento y prosperidad, que gocemos de seguridad económica, que nuestros jóvenes encuentren aquí un futuro, que disfrutemos de una sociedad igualitaria e inclusiva y que tengamos capacidad para decidir con qué valores queremos que se desarrollen las innovaciones que van a marcar nuestro mañana. A lo largo de la historia, el empresariado vasco siempre ha respondido a las crisis con determinación y esta vez no va a ser diferente, porque estamos obligados a reaccionar, sí, pero también estamos preparados para hacerlo.
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